Dios no nos creó desvinculados de la humanidad. Somos los eslabones de la gran cadena
Universal, y las energías divinas que alcanzarán a los demás deben pasar a través de nosotros beneficiándonos, y a nuestro prójimo. Carecemos de los demás, así como ellos de nosotros en la inmensa viña de nuestro Padre Celestial. Por eso, nuestro segundo deber es amar al prójimo, como nos aconseja el Maestro a través de Su Evangelio de Luz. Y amar es respetar los derechos de los que caminan con nosotros en la misma senda. No hacemos nada sin la participación de nuestros hermanos. Cada uno de ellos nos ayuda en algo de lo que carecemos. Somos deudores de la humanidad, así como también le brindamos nuestra ayuda, y la fraternidad es el camino más deseado en el camino del Bien cuando lidiamos con nuestros compañeros.
Las exigencias, debemos realizarlas a nosotros mismos, y el aprecio debemos dirigirlo a nuestros semejantes.
La imposición es el modo de educarnos; la consideración, el ambiente que debemos proporcionar a los compañeros de jornada.
El mando debe ser la disposición en la disciplina de nuestros instintos. La cortesía será el medio de comunicación más agradable con nuestros hermanos.
La imposición es el camino interno cuando nos indica el bien, la fraternidad nos hace atraer compañeros a la misma convivencia.
La crítica encuentra campo fructífero cuando la ejercemos en nuestro mundo interno.
Y la ponderación crece y hace crecer nuestra amistad en todos los rumbos. El mal merecedor de comentarios es el que nosotros mismos hacemos; en referencia los demás, el resguardo nos trae la confianza de que todos se esfuerzan para mejorar.
Si tienes alguna educación, aplícala ante los demás, y si te falta acuérdate ti mismo. Nuestro mundo interno es un cultivo grandioso que podrá dar muchos frutos y flores compatibles con nuestro comportamiento. Trabajemos en eso.
Cuando dejamos nuestro lugar íntimo para analizar y hablar mal de lo que no nos pertenece, crece dentro de nosotros la hierba mala capaz de sofocar el trigo del Bien que ya habíamos plantado. La energía que nos fue dada debe ser usada para nuestra autoeducación, estableciendo de esa manera, en nuestro reino, la verdadera armonía espiritual que se reflejará en todos los otros cuerpos. Sin embargo, con respecto a los demás, lo mejor que podemos ofrecer a sus corazones es el ejemplo dignificante, la vivencia del Amor en los caminos de la Caridad.
Si das la debida importancia a tu prójimo, nunca perderás. Recibirás, a través de medios que a veces ignoras, la atención que te agradará y te hará feliz. Respeta los derechos de los demás, y ellos seguramente, y por ley, respetarán los tuyos; y aún más: la armonía del
Universo compartirá contigo en el Bien que haces, por necesidad de amar, utilizando el comportamiento elevado para ayudar a construir el reino de Dios en los corazones, como también el Cielo en cualquier parte que estés.
Confiemos en las fuerzas superiores y también en las nuestras, que ellas crecerán de acuerdo con nuestras disposiciones de mejorar, sin olvidarnos nunca de la deferencia para con los que nos siguen, instruyéndonos y aquellos que nos instruyen, siguiéndonos.
El respeto es luz, porque ayuda a transformar la oscuridad en claridades inmortales.
Traducción de un capítulo del libro"Cirugía moral" de João Maia Nunes.
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